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El amor

Teníamos los dos desangradas las flores
del corazón, y acaso llorábamos sin vernos...

El amor, a qué huele? Parece, cuando se ama,
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
y él sigue ardiente y joven, oliendo a rosa eterna.

Por todas partes abre guirnaldas invisibles,
todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
la mujer a su beso cobra un sentido mágico
que, como en los senderos, sin cesar se renueva...

Vienen al alma música de ideales conciertos,
palabras de una brisa liviana entre arboledas;
se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto
dejan como un romántico frescor de madreselvas...


De tu lecho alumbrado de luna me venían...

De tu lecho alumbrado de luna me venían
no sé qué olores tristes de deshojadas flores;
heridas por la luna, las arañas reían
ligeras sonatinas de lívidos colores...

Se iba por los espejos la hora amarillenta...
frente al balcón abierto, entre la madrugada,
tras la suave colina verdosa y soñolienta,
se ponía la luna, grande, triste, dorada...

La brisa era infinita. Tú dormías, desnuda...
tus piernas se enlazaban en cándido reposo,
y tu mano de seda, celeste, ciega, muda,
tapaba, sin tocarlo, tu sexo tenebroso.

Gabriel Celaya

Poeta español nacido en Moguer, Huelva en 1881. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla, donde se aficionó al cultivo de la pintura. Salió de España al comienzo de la guerra civil, viviendo sucesivamente en Puerto Rico, La Habana, Florida y Washington. En 1956 recibió el Premio Nobel de Literatura, falleciendo dos años después en medio de una profunda desolación por la pérdida de su esposa Zenobia.

1 comentario:

Adolfo Payés dijo...

Que lindo siempre leerte es precioso..

Un beso querida amiga

Un abrazo
Saludos fraternos..